Tras unos días sin escribir, me paso otra vez por aquí. Lo único que sé es que necesitaba pasar, como mínimo, a saludar. Hola, blog.
Hoy vengo a hablar básicamente de mi, de mi música. De por si, cuando escribo, lo hago de forma muy triste, muy cruda, solitaria… Algo melancólico, algo pastel, pero que obviamente, a mi me encanta, y por supuesto, no va a cambiar por los demás. No obstante, hoy no tengo ganas de escribir algo triste, me apetece escribir algo más alegre, distinto, cambiar un poco de aires, pero no sale nada. Ése es el sonido del silencio. Debo relajarme, pensar y escribir. Tachar. Relajarme, pensar y escribir. Esa es la rutina, así saldrán las cosas.
Y es que ya no puedo pensar en ella, ya no debo. Ya no hay nada más que escribir, ninguna lágrima que derramar, ningún pensamiento que dejar escapar. Hoy florecen en mi cabeza nuevas flores llenas de optimismo, de fuerza, de ganas e comerme al mundo. Ganas de ganar, la victoria, la gloria, el éxito, el reconocimiento. Eso es lo único que quiero y en lo único que pienso. Y sé que lo voy a lograr, esta vez sí. Me lo he propuesto, por mis dos santos cojones, y lo voy a conseguir. Ya no se puede perder más el tiempo.
Mi sonido, el sonido del silencio se ha acabado. Ahora toca hablar, ser feliz. Lo voy a conseguir. Lo vais a ver.
Punto y final a esta historia sin fin, punto y a parte a la historia de mi vida.